Bienvenido al cine. Lo siento, no disponemos de tal servicio, no podemos pensar por usted. (Experiencia laboral estival)

Las películas americanas han acertado en dos aspectos. Los adolescentes pueden encontrar trabajo en sus vacaciones de verano. Contextualizándolo en la crisis mediática que vivimos, cabría decir que fue un golpe de suerte. Primer aspecto dicho, queda el segundo. La mayor parte de la plantilla que trabaja en el cine adopta tal trabajo como complemento a sus estudios profesionales.

Este verano he podido experimentar la vida laboral. Ilusa de mí, creía que simplemente me enfrentaría a tener que concentrarme en hacer bien la parte de trabajo manual. Pero, a parte de ello, he aprendido sin quererlo a saber tratar a la gente. Quiero decir, no a cultivar mi educación, sino a saber resistir con la falta de ésta en las demás personas.
Consideraba pesimista afirmar que la sociedad estaba acomodada, me negaba a creerlo, pero he comprobado que es cierto. Cuanto menos se piense, mejor. ¿Para qué mirar una pantalla y consultar por ti mismo lo que más se acomode a tus gustos, pudiendo preguntarlo y ahorrar el trabajo de levantar la vista y pensar? Sí, el precio de la entrada es desorbitada, pero ello no incluye un guía que te coja de la mano, decida qué película te va a gustar más, qué menú de palomitas amortizarás más y se preocupe de que cada paso que des hacia la sala sea correcto. Tal vez entendiese tal actitud si la persona se encuentra en un hotel de lujo...
También existe el caso contrario, no necesitan tu ayuda, pero el problema recae en que no han procesado la información ofrecida. Más ridículo, si cabe. Indicar algo, recibir una respuesta educada y comprobar que ni siquiera han escuchado lo que has dicho, pues desobedecen tu indicación, complicándose. («La sala está en el piso de abajo», «oh, gracias»; pero, suben la escalera).
Y lo típico. Un grupo de niños atontados de alrededor de trece años encuentren gracioso tirar comida al suelo. No deberían, cierto, aunque se puede comprender excusándolo en la edad. Pero cuando compruebas que quien lo hace ya está en plena edad adulta te das cuenta de que algo va mal.

Me ha disgustado ser partícipe de la destrucción de excedentes, de imperfecciones a falta de tiempo. He sido un sujeto experimental de los modernos contratos de corta duración y todo un comodín. Tampoco soy una mártir, mi aportación ha sido en ocasiones extremadamente torpe, incluso como para ser un estorbo más que una ayuda extra. Pero, he descubierto los secretos de la CocaCola, de mantenimiento (creedme, lo roñoso debe estar en la basura), he leído convenios laborales, he escuchado quejas de trabajadores, he comprendido el calendario laboral... He ganado algo importante para el futuro, experiencia que añadir al currículum vitae.

Por cierto, en verano, poca gente pisa el cine.

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